berman

Nacido en 1942, Antoine Berman estudió en el Lycée Montmorency y en la Sorbona. Fue traductor del español y del alemán al francés. Fue director del Centre Jacques-Amyot, pero no llegó a ser catedrático. Desde la fundación del Colegio Internacional de Filosofía en 1984 dirigió un programa de investigación. Berman falleció enfermo a los 49 años, y escribió mucho en su lecho de muerte.

Con sus artículos y una sola obra, L’Épreuve de l’étranger. Culture et traduction dans l’Allemagne romantique: Herder, Goethe, Schlegel, Novalis, Humboldt, Schleiermacher, Hölderlin. (Gallimard, 1984), alcanzó la estatura internacional de “referente”, que se vio resaltada por la publicación póstuma de Pour une critique des traductions : John Donne (Gallimard, 1995). Se le han consagrado numerosas tesis, relativas a su concepción de la traducción como “trabajo sobre la letra”, a la “crítica de las traducciones” (en vez de “teoría de la traducción”) y al “giro ético” que le ha impuesto a la traductología. La crítica de la traducción según Berman, no se trata de criticar qué bien o mal traducido está un texto con un espíritu convencional, ni de ponerse puntilloso en exceso con los detalles, sino en qué medida ese texto traducido se ajusta a un proyecto de traducción, a una intencionalidad última respecto de quiénes lo van a leer y qué efecto tendrá en el largo plazo: formular un proyecto de traducción, ceñirse a él, y al final realizar una autocrítica sobre los puntos débiles del resultado.1

El respeto a la letra fue una postura muy fuerte de Berman, en sus inicios (1984), frente a toda una tradición de siglos, de “destrozar” los originales y vivirlos transformando en traducciones sumamente infieles. Con el tiempo, no obstante, hay un cambio en Berman. “El traductor tiene todos los derechos, siempre que juegue limpio”: así reflexiona Berman respecto de la fidelidad o no a la letra, al final de su vida realiza una autocrítica; con lo cual deja planteada la tensión a la que se enfrenta el traductor, entre ser fiel a la letra o realizar una adaptación.

Según Berman, la traducción tiene un gran potencial creativo y, en tanto reproducción-copia, deformación o traición de la Alteridad, puede convertirse en el lugar de acogida del Extranjero como tal, y lograr así esa finalidad moral que gusta llamar “hospitalidad”, con Ricoeur2 y Derrida. Las lógicas de anexión y de apropiación de los “otros espacios de la lengua” que han caracterizado a Occidente, no han tenido este objetivo; Berman, como teórico, le ha encomendado a la traducción la tarea de minar la “lógica del Mismo”.