Buenos Aires, Dedalus, 2025.
13 x 20cm | 156 páginas
ISBN 978-631-6706-02-7
El despiadado mundo de la publicidad, la vida nocturna alimentada por música electrónica, los mundillos artísticos marcados por el snobismo y la fascinación, y una clase media judía presa de las apariencias, son los ámbitos que transitan estos palpitantes relatos de Sol Beigel en los que la fiesta aparece como un ritual tan banal como sagrado:
“Me invade la euforia, una revelación de endorfinas post-spinning: es obvio que, si me muero, mi funeral tiene que ser una fiesta”.
Mordaz e inteligente, pero también tierna y levemente nostálgica, Beigel no solo sigue el hilo frenético de los acontecimientos —las experiencias de una adolescente, de una joven, de una mujer adulta de clase media urbana acomodada que busca reafirmar su pertenencia—, sino que entabla a su vez un diálogo íntimo en el que se ponen en juego los lazos familiares y sobre todo los de amistad.
“La diferencia de clase es poder fumar flores y no este prensado paraguayo”, nos dice una de las narradoras para condensar en una línea tan directa como brutal las desigualdades, los privilegios y los deseos de pertenecer.
Siempre me gustaron las fiestas marca el debut de Sol Beigel con un libro de ritmo vibrante y una mirada honesta que juega en el filo de la corrección política.
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